miércoles, 29 de julio de 2009

Pensar en nada.

De eso tengo ganas, de pensar en nada. De evitar el trastorno compulsivo que genera pensar en todo, pensar todo el tiempo, manipular las ideas de un lado al otro. Quiero poner la mente en blanco, vaciar el cerebro y darle vacaciones, o fin de semana largo a mis neuronas, que a mitad de semana, están cansadas.
Como estoy pasando por un momento de estabilidad emocional, me pongo a pensar razones absurdas que me desequilibren. Nunca visto ... Es que en realidad, cuando uno siente que derepente, todo está ordenado, y las sensaciones son claras, que uno solamente tiene ganas de estar en paz, que ni siquiera encuentra un vecino con la música alta para enojarse y putear en soledad, entonces, todo parece más dificil. Una ecuación bastante estúpida.
Qué insólito momento que ayer mamá me buscó pelea y no acepté, que en la facultad armaron trinchera preparándose para un ataque de furia mío y la tuvieron que deshacer. Me pasa que no me pasa nada, que estoy equilibrada en la finita soga de la vida, que generalmente me hace temblar en cada paso.
Es que cuando estoy ofuscada, entonces pienso en nada, porque no tengo ganas de nada, porque me da fiaca pensar qué cosa quiero o puedo solucionar primero. Cuando me pasa de todo, me queda bien el papel de hacerme la boluda, de estar dicharachera y llena de planes, para pensar en nada, o no ocuparme de lo urgente.
Bueno algo me pasará que quiero pensar en nada. Qué quiero ocuparme de no ocuparme de absolutamente nada. Ya sé, seguro que de algo, me quiero hacer la boluda ...

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